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La visita de GianMarco a una comunidad alto andina de Cuzco

27 julio, 2007 - Joanne

GianMarco visito el poblado de Chumpe el pasado 29 Junio 2007
-¿Tu sabes cómo se llama el que ha venido?
-Sí, -dice el niño, chinito y colorado, con el rostro agrietado por el frío-. Se llama Giancarlos
-¿Y qué hace Giancarlos? – le preguntamos
- El Giancarlos canta bien bonito me ha dicho mi profesora. ¿Y tú para qué quieres saber?
-Porque tengo una tarea que me ha dejado mi profesora – le digo-. Tengo que escribir sobre su visita a tu pueblo.

Mientras tanto, Giancarlos, que en realidad se llama Gian Marco, escuchaba desde su asiento una voz que nos despabiló a todos: “¡¡En este momento vemos que se acerca la caravana donde está el ganador del Grammy!! El hombre que ha puesto el nombre del Perú en alto!!! ¡¡¡Gianmarco, señoras y señores, está aquí con nosotros en este humilde pueblo de Lamay. Y lo recibimos con todo nuestro cariño!!! ¡¡¡Adelante Gianmarco!!!”

Era una voz que encerraba la emoción de los cientos de habitantes del poblado de Lamay que habían amanecido esperando la llegada del cantante. Tiempo atrás, “el pelao” como se le dice de cariño, y Embajador de Buena Voluntad de UNICEF le pidió a Guido Cornale, nuestro Representante, conocer alguna de las zonas de intervención donde se trabaja a favor de los niños y niñas. Conversaciones van y vienen, se decidió por el poblado de Chumpe perteneciente al distrito de Lamay donde UNICEF viene trabajando desde el 2000. Era viernes 29 y casi treinta minutos después de partir de la ciudad del Cusco, la comitiva, con Gian Marco a la cabeza, llegó a la plaza principal del distrito. Gritos, apretujones, mujeres, hombres, adolescentes, niños y niñas se metieron en los ojos del cantante y él no dudó en bajarse a gozar de su amistad.

Caminó emocionado en medio de tanto cariño y fue recibido por el alcalde de Lamay, Guido Alvarez, que con varayoc en mano, le dio un efusivo abrazo. Los niños del pueblo se le acercaban y lo tocaban como para comprobar que de verdad existe y está allí en medio de ellos. Pero el camino tenía que continuar y nuevamente en los vehículos, con el alcalde siguiendo a la comitiva, partimos hacia el pueblito de Chumpe donde los comuneros esperaban al visitante.

Era un camino hermoso atrapado por el sol. A la derecha y a veces a la izquierda, dependiendo de las vueltas de la carretera, aparecían unos niños y niñas saludando a los carros sin saber quién iba adentro. De pronto se acabó la tranquilidad. Unos arreglos en la vía pararon los carros y el paso se hizo lento. Lentísimo. Demasiado para todos y especialmente para el cantante. Por eso, de un momento a otro, decidió bajarse de la móvil y empezó a caminar los dos kilómetros que lo separaban de la comunidad. Los jóvenes que acompañaban al alcalde saltaron de la tolva de la camioneta y corrieron a darle el alcance y hasta el propio alcalde, sin soltar su varayoc, decidió seguir a Gian Marco en su camino hacia las alturas.

Chumpe es una comunidad donde UNICEF comenzó a trabajar hace siete años con el programa “Buen Inicio”. Esta es una iniciativa cuyo éxito se basa en la participación comunitaria y la mejora en la atención de los servicios de salud. Para vencer los índices de desnutrición infantil, mortalidad materna y todos esos valores que aparecen en las estadísticas como la realidad más cruel que envuelve a nuestra niñez, fue necesario involucrar a todos como parte de la solución. Desde el gobierno local, las autoridades, los padres de familia, los docentes, los servicios de salud, todos, absolutamente todos, tuvieron que ejercer una vigilancia comunitaria para lograr los objetivos. En las zonas de Cusco donde se ha trabajado con este programa, la desnutrición crónica se ha reducido entre los años 2000 y 2004 de 66.1% a 49.5% y la anemia pasó de 85.6% a 72.4%. Motivos suficientes para que el esfuerzo desplegado se refleje en los rostros alegres de los niños que esperaron a Gian Marco cuando entró a la placita de Chumpe entre conmovido y feliz.

Lo esperaba la comunidad en pleno. Su dirigente lo recibió con unas palabras de bienvenida en quechua y luego lo llevó a recorrer los ambientes donde se desarrolla el programa: el primero era una casita que estaba al lado de la plaza y que tiene por nombre: Centro de Vigilancia Comunitaria. Cuando Gian Marco entró, lo primero que vio fueron unos dibujos pintados en la pared donde se podía ver un poco de la historia de ésta comunidad: cómo vivían antes y cómo se veían ahora después de todos estos años de trabajo. Allí se reunían para planificar las mejoras de su pueblo, en función del desarrollo de los niños. “Eso es muy importante para nosotros –dijo el dirigente- porque pensar en mejorarlos a ellos, en darles una mejor vida, es lo único que nos garantiza que podrán llegar muy lejos”.

Un grupo de mujeres, vestidas a la usanza de las mujeres de Chumpe, con vistosos sombreros rojos y amarillos y sus hijos cargados en la espalda esperaron al visitante en la otra casita. Era el Centro de Estimulación Temprana. Allí, además de ver todos los juegos artesanales con los que jugaban los niños, los promotores y las consejeras de la comunidad le explicaron a Gian Marco cómo trabajaban con las madres de Chumpe. Le dijeron que su labor consistía en ir de casa en casa para ver cómo vivían con sus hijos, si habían asistido a sus controles médicos, si la madre embarazada asistía a sus citas prenatales y si las casas estaban limpias y reunían las condiciones para criar a un niño. ¿Y cómo hacen eso? –preguntó Gian Marco. Vamos con dibujos a las casas – le contestó un promotor. Dibujamos cómo debe ser una casa limpia, ordenada, donde los pollos no se escondan tras las ollas y los cuyes no vivan debajo de las camas. Les dibujamos cómo deben vivir los animales y los ayudamos si es necesario a construir un corralito para que se ordenen. El Embajador de Buena Voluntad de UNICEF lo miró entusiasmado. Al final un fuerte abrazo expresó su admiración. Gracias por todo lo que hacen – les dijo y salió del local.

Afuera otro grupo lo esperaba para ir a visitar la casa de un comunero.
- Hay que subir una pendiente” – le advirtieron debido los 3,700 metros de altura.
- Para eso estamos hermano –contesto Gian Marco- vamos no más. No hay problema.


Una vez arriba, un plato de mote que ardía en el fogón lo recibió. La familia estaba esperándolo y la dueña de casa lo invitó a sentarse al lado de la cocina para que se caliente un poco. Esto huele rico –le dijo a la señora, que llena de roche esbozó una sonrisa cómplice. Luego recorrió la casita y vio el orden de su cocina, de sus habitaciones, el corralito de los animales. Una casa llena de paz donde finalmente uno podía sentirse a gusto. Una casa donde la luz del fogón iluminó la cara del cantante y selló en su recuerdo una visita que jamás podrá olvidar.

Una vez de regreso a la plaza, el alcalde de Lamay le agradeció la visita. Gian Marco, visiblemente emocionado por todo lo que había escuchado y visto agradeció por la hospitalidad: “Quiero decirles que me siento muy honrado de que me hayan recibido y acogido en su pueblo. Quiero decirles que me voy con muchas enseñanzas. Verlos a ustedes me ha dado la esperanza de saber que mi país tiene una puerta para salir adelante. Ustedes son esa puerta. Ustedes con su trabajo construyen día a día un país mejor para todos. Gracias a UNICEF por darme la oportunidad de vivir esta experiencia. Nunca me olvidaré de ustedes y los llevaré siempre en mi corazón”

Todos los comuneros escuchaban atentamente la traducción al quechua de las palabras de Gian Marco. De pronto, uno de ellos pidió la palabra y le agradeció por la visita. Hasta entonces, todos ellos lo habían visto con cierta curiosidad y respeto. El que hablaba, entonces, se atrevió a pedirle lo que nadie le había sugerido hasta ese momento. Que cante. Y Gian Marco cantó. Sobreponiéndose a la falta de su guitarra y no sin antes pedir perdón por su quechua empezó con Valicha. Fue un acto mágico para todos. Los comuneros, las mujeres y los niños lo miraron por primera vez como se mira a alguien que sí te entiende y encima canta. Y canta lindo. Las manos de aquellos hombres del campo, hasta entonces quietas, empezaron a agitarse para aplaudirlo y las sonrisas se dibujaron en todos ellos como por arte de magia. Por fin habían hecho click. Por fin se habían enganchado con el hasta entonces visitante. Por fin Gian Marco fue para ellos un amigo. Un hermano. Un muchacho que les cantaba, que los honraba, que los estaba haciendo muy felices. Y así fue que Gian Marco partió de aquel lugar. Un pueblo donde llegó siendo un ilustre desconocido para muchos pero del que se fue como un amigo que prometió regresar a seguir cantando. A seguir aprendiendo cómo es posible vencer a la adversidad.

Ya de partida, casi subiendo al carro, el niño que abrió esta historia se me acercó corriendo como un rayo:

Oye señora –me dijo- , no se había llamado Giancarlos el visitante. Gian Marco había sido el joven. Escríbele bien su nombre en tu cuaderno – nos dijo muy serio. Escribe bonito no vaya a ser que después lo pongas mal en tu tarea. Cero te vas a sacar.

Luego de su visita, un emocionado Gian Marco le dedicó su concierto en el Cusco (30.06.2007) a esta comunidad que lo recibió con los brazos abiertos.

Fuente: Notas de Prensa-Unicef
http://www.unicef.org/peru/_files/notas_prensa/2007/peru_np_09jul.pdf

 
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